¿Y si nadie quiere?

Noticia recuperada de El Diario de León

 

Y si nadie quisiera ser director del Musac? Aunque la Fundación Siglo paga a 50.000 euros convertirse en hombre de paja del bachiller de Ciudadanos puede que la nueva era del decoro haga que no haya quien quiera tragar carros y carretas a cambio de un salario. Al fin y al cabo, tras salir de León tendrán que buscarse acomodo en el mundo real y puede que no quede demasiado bien hacer constar en el currículo que perdiste tu dignidad a cambio de un jornal. ¿Dónde están las obras de arte perdidas? ¿A quién van a parar las adjudicaciones? ¿Habrá un comité asesor? ¿Será unipersonal? ¿Comenzarán a comprarse las exposiciones? ¿Se convertirá el Musac en un círculo concéntrico de sombras? ¿Qué independencia artística tendrá el director?

Mucho me temo que estos meses que restan hasta las elecciones de abril serán decisivas para acabar con el crédito de un museo que se ha ido apagando a la velocidad con la que Ortega y su clac lo han manoseado. La nueva política cultural de la Junta se limita a pagar festivales privados con fondos públicos, acabando con la capacidad de la cosa pública de crear una red capaz de fomentar el pensamiento crítico de los ciudadanos. Ya no hay función social sino una firma que da y quita dinero.

La cultura no es espectáculo y, mucho menos, una fanfarria de luces de neón. Todo ha ido a menos desde el desembarco en la Consejería de los hombres que venían a regenerar. No es lo único, pero es lo que más se ve.

Sí. Puede que en este país el mundo del arte aún tenga dignidad y se niegue a colaborar con esta opereta de cartón piedra en la que quieren convertir la creación artística. Hubo un tiempo en el que León era capital de la discusión intelectual. Hoy, tras la muerte de la autonomía museística, el edificio que Tuñón y Mansilla idearon para que sus espacios cambiaran con cada ciclo expositivo, se ha convertido en una habitación vacía y sorda, como los burócratas que han acabado con él.

Puede que nadie quiera poner su nota en esta partitura grotesca o que ya nadie se haga preguntas. Veremos.